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Comunicación social y cambio tecnológico, un escenario de multiples des-ordenamientos
Por Guillermo Orozco Gomez.
Profesor e investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social de la Universidad de Guadalajara, Mexico.
Introducción.
Por ubicarme investigativamente en el lado de la recepción y las audiencias televisivas y buscar transformar sus interacciones mediáticas a partir de la exploración y posterior intervención pedagógica de sus procesos comunicativos y de las mediaciones y contextos que los circundan, mis incursiones en el amplio campo de la comunicación (y ahora en particular vinculado con el cambio tecnológico en el contexto de la sociedad del conocimiento) han implicado siempre una fuerte tensión entre dos perspectivas. De una parte la perspectiva que otorga un gran peso específico a la emisión y por tanto a los referentes mediáticos en los efectos que provocan y, por ende, una perspectiva que otorgaría primacía a la tecnología como motor principal de las transformaciones que estamos presenciando y aun de la revolución que (muchos sostienen) estamos experimentando; una perspectiva tecnocéntrica, dominante hoy en día en el pensamiento comunicacional. Y de otra parte aquella perspectiva que privilegiaría una comprensión de la comunicación y de la misma producción de conocimientos a partir de las re-producciones que realizan los actores sociales mismos sobre los referentes informativos con los que interactúan. Re-producciones siempre situadas e interesadas y culturalmente contextuadas. Pero sobre todo, re-producciones siempre mediadas desde múltiples fuentes macro y micro estructurales (incluidas por supuesto - pero siempre sólo como una fuente más- las de los mismos referentes informativos y la tecnología). Esta sería una perspectiva sociocéntrica, más culturalista, nutrida también de algunas otras disciplinas humanísticas.
La tensión entonces, me lleva a cuestionar supuestos e ideas que son habitualmente tomados por dados, por lo que una de las consecuencias es mi permanente deseo de acotamiento del debate y problematización de las certezas.
Que la contraposición entre ambas perspectivas -tecnocéntrica y sociocéntrica --tienda a ser vista hoy en día por algunos autores, como el mismo Castells (1998), como algo en extinción en tanto que en la sociedad del conocimiento --según sostiene--se diluirían los productores y los usuarios de lo producido, ya que todos podrían jugar los mismos roles indistintamente, es por decir lo menos, una consideración polémica. Si bien idealmente se sostiene, en la realidad -por lo menos hoy en día- no se sustentaría. No, en la medida en que lo que estamos presenciando en vivo y en directo en el ámbito de la comunicación no es tanto la disolución de los roles sociales de los usuarios frente a la tecnología de información, que no obstante las posibilidades que ofrece, siguen reflejando inercias y patrones tradicionales, ni la disolución, por lo menos no todavía, de las condiciones frente al conocimiento, que también siguen reflejando autoritarismos e imposiciones, sino la disolución de algunos de los criterios tanto de producción como de circulación y consumo que enmarcan al conocimiento. Sobre todo de esos criterios cognoscitivos y de legitimidad y autoridad que se encuentran trastocados.
Por eso, con la exuberancia tecnológica contemporánea, más que la amplificación concomitante del poder de todos para producir y poner a circular conocimientos --lo que para algunos seria una democracia cibernética y ciertamente para todos podría ser un gran objetivo a lograr-- me parece que hoy asistimos con el cambio tecnológico a un creciente
Como afirma Martín-Barbero (2000), nos enfrentamos ahora a nuevas condiciones del conocimiento, pero principalmente a nuevas "figuras de razón", donde algunas fronteras se disuelven a la vez que se erigen otras. Frente al ordenador no estamos sólo frente a una máquina más, sino en relación con una "tecnicidad" distintiva, diferente a todas las anteriores, por la cual se hace posible una vinculación directa entre información y cerebro, e independientemente de si el lenguaje es sonoro, visual, escrito o multimedia. Esto, -en palabras del mismo Martín-Barbero (p.2)-inaugura una nueva aleación de cerebro e información que sustituye a la tradicional relación del cuerpo con la máquina.....(además) las redes informáticas al transformar nuestra relación con el espacio y el lugar, movilizan figuras de un saber que escapan a la razón dualista con la que estamos habituados a pensar la técnica pues se trata a la vez de movimientos que son de integración y de exclusión, de desterritorialización y relocalización, nicho en el que interactúan y se entremezclan lógicas y temporalidades tan diversas como las que entrelazan en el hipertexto a las sonoridades del relato oral con las intertextualidades de la escritura y las intermedialidades del audiovisual.
Estos otros procesos y esta otra racionalidad (o figura de razón) se diferencian más de las anteriores, por anclarse en lógicas distintas, que en el campo de la comunicación social se muestran más sensoriales que racionales y que incluyen sobre todo la primacía de los sentidos del oído y la vista como reductos de legitimidad de aquello que se percibe cada vez más virtual y multisensorialmente, pero que supone una distancia. Y entre más distancia, más mediaciones.
En este contexto de "des- ordenamientos", mi intención aquí es simplemente reflexionar sobre algunos de los cambios y rupturas, transiciones y/o recomposiciones que experimentamos en el ámbito de la comunicación social, motivados tanto por lo que considero una
Mi exposición está estructurada en tres partes. En la primera trato de ubicar el contexto de partida explicitando algunos reconocimientos importantes, que actualmente parecen estarse perdiendo de vista. En la segunda parte abordo con más detalle algunos de los des- ordenamientos desde los actores sociales y sus prácticas comunicativas. En la última parte trataré de calibrar estos des-ordenamientos en relación con sus efectos en el campo de la educación dentro del nuevo ecosistema comunicativo en el que estamos.
Si alguna tesis sostengo en esta discusión es en todo caso que muchos cambios que estamos presenciando actualmente y que seguiremos presenciando en el futuro inmediato, en el ámbito de la comunicación social no se deben todavía al potencial tecnológico más reciente que se desprendería de las últimas tecnologías o de la racionalidad tecno-informática como tal, sino a la extendida presencia de los medios y tecnologías menos nuevas nacidas en la modernidad. Son cambios como el del tránsito de un paradigma de la literalidad a uno de la imagen, los que están principalmente prefigurando las transformaciones futuras posibles, por lo que hay que acabar de entenderlos para no caer en el terreno de las especulaciones o los futurismos idealistas u optimistas.
La nueva centralidad de lo meditado en la sociedad del conocimiento.
En primer lugar me gustaría partir de un reconocimiento (que alude a una mediación geopolítica, por lo que en América Latina nos resulta casi obvio, pero que acá se puede prestar a cierta polémica). Creer que los medios y tecnologías de información gestados al amparo de la modernidad e insertos socialmente durante el siglo pasado -como la televisión abierta o la televisión de paga en sus diversas modalidades de recepción- han perdido relevancia frente al cambio o conjunto de cambios tecnológicos más recientes (Piscitelli, 1996), -o hasta han muerto como afirmarían algunos (Pérez de Silva, 200)- parece un espejismo tecnocrático. Y como tal, insostenible por aquellos que no aceptamos ese evolucionismo tecnológico reduccionista que automáticamente va haciendo obsoletas las tecnologías anteriores.
La Emergencia de un Complejo Ecosistema Comunicativo.
Lo que yo pienso es que todos los medios, viejos y nuevos, así como las diversas tecnologías videoelectrónicas y digitales que los hacen posibles, coexisten, conformando o no convergencias en sentido estricto, pero sí constituyendo
La llegada de un nuevo medio o tecnología no supone necesariamente, ni tampoco inmediatamente, la suplantación del anterior. Y esto por varias razones. Primero porque cada medio o tecnología es mucho más que eso. Su transformación entonces involucra otros factores más allá de los estrictamente técnicos o instrumentales.
Segundo, porque cada tecnología demanda un tiempo de aprendizaje y apropiación por parte de los usuarios. Al momento de su introducción e inicial aceptación por lo general se usa de manera parcial, desperdiciando su cabal potencial y hasta su principal aportación. El extendido caso de los ordenadores que son simplemente usados como máquinas de escribir que permiten mayor productividad y eficiencia, es un clásico ejemplo de este fenómeno.
Tercero, porque las tecnologías demandan una diversificada atención para gratificar a sus usuarios. Ni aun en países donde el uso sistemático y doméstico del ordenador está muy extendido, como es el caso de los Estados Unidos, han bajado significativamente las horas dedicadas a ver televisión (Orozco, 1996). Sigue habiendo televidentes que siguen viendo mucha televisión y disfrutando con sus tele shows noticiosos y de ficción, al tiempo que también incursionan en las navegaciones cibernéticas.
Cuarto, porque cada tecnología cubre mejor la satisfacción de una o más necesidades que las anteriores, pero no de todas. Así, las viejas tecnologías siempre conservan un grado de distintividad irremplazable. Y quinto, porque cada nueva tecnología provoca otros cambios aledaños, que también requieren reajustes y reacomodamientos variados por parte de los usuarios. Y hablando desde sociedades donde los recursos son muy limitados y las mayorías se han empobrecido de manera creciente y alarmante, el sexto motivo que retrasa los cambios es obvio: simplemente no hay poder adquisitivo para ir a la par del desarrollo tecnológico que se oferta en el mercado.
Todo lo cual conlleva a la vez un
Multiplicación de los Destiempos.
La rapidez del desarrollo tecnológico no va a la par de su asimilación cultural, ni perceptiva, como tampoco política, aunque sí mercadotécnica, ya que como afirmaba Raymond Williams, ninguna tecnología llega a ser tal hasta que no es rentable en el mercado (1983).
Un cambio (socio) cultural supone entonces un cambio de sedimentaciones en la producción simbólica (que requiere su tiempo). Lo que en esta dirección estamos experimentando en el ámbito de la comunicación social más bien son una serie de
Un ejemplo de destiempo es aquel que se manifiesta entre el ecosistema comunicativo --y particularmente entre los cambios tecnológicos en el ámbito de la información-- y la escuela, los sistemas educativos y la educación en general que van quedando rezagadas. Otro ejemplo de destiempo es el caso de los Zapatistas en el sur de México, que a través del internet dieron a conocer al mundo sus reclamos ancestrales por salud, alimentación y reconocimiento básico de derechos, negados a lo largo de quinientos años de soledad.
La superposición de temporalidades, modernas, premodernas y postmodernas que subsisten y coexisten nutriendo de hecho las cotidianidades de millones de actores sociales, a la vez que definen en mucho el sentido de los cambios, también definen su adaptación a ellos y contextualizan su vinculación a otros procesos sociales y a la producción de la cultura. Esa cultura del bricolaje, hecha de retazos de elementos propios de diferentes etapas es quizá una manifestación muy visible de las interacciones, adaptaciones y fusiones que diversos sectores sociales hacen de lo nuevo, lo viejo, lo impredecible.
Las Prácticas Comunicativas.
Es importante enfatizar aquí, que si los cambios tecnológicos conllevaran solamente cambios instrumentales en la comunicación, quizá fuera más fácil y rápida su asimilación y hasta podrían verse con claridad relaciones de causa-efecto. Pero los cambios tecnológicos en el ámbito de la comunicación social además suponen transformaciones sustantivas en las
Por
Esta socialidad puede afectarse también y de maneras importantes por un cambio en la tecnología o en el medio de referencia. De hecho, en un gran cambio de época como el actual, la tendencia vigente es a afectar desde lo tecnológico casi todas las demás dimensiones de la vida individual y colectiva. Lo que yo prefiero llamar la mediación tecnológica, por supuesto que impacta de variadas formas todo lo que toca. No se trata de negar ni de disminuir o simplemente relativizar ese impacto. De lo que se trata es de verlo como un impacto importante, pero que necesariamente compite con otros, en situaciones diversas, en diferentes escenarios cuyas consecuencias no son sólo causadas por él.
No obstante, y aun entendido así, me interesa recalcar, que precisamente es la socialidad lo que más se está trastocando en comunicación a partir de las nuevas determinaciones que en ella suponen los cambios tecnológicos, ya que como afirma Echeverría (1999), la provisión de los nuevos servicios telemáticos, "on line" que el cambio tecnológico permite, supone nuevas dependencias de los usuarios que para ejercer con libertad sus diversas "interactividades" tienen que conectarse a las grandes redes e infraestructuras para ello, las cuales no gobiernan ni controlan, ni tampoco crearon. Así, la asimetría que ya caracterizaba las anteriores dependencias entre los usuarios de los viejos medios, como los televidentes y los dueños de la industria de la televisión ahora cambia de color y de estilo, pero no desaparece. Por el contrario, se amplifica disolviéndose en innumerables actos que aparentemente reflejan total libertad. Actos que finalmente se anclan en una capa epidérmica de opciones sobre las cuales los decisores parecen tener control.
La paradoja aquí es que mientras más se amplifica una capa de opciones, las otras capas más profundas quedan cada vez más centralizadas. Fenómeno que se vive ya con relación a los medios viejos, donde se aprecia una creciente tendencia de proliferación homogeneizante y que prefigura su extensión en el futuro, dadas las todavía más centralizadas fuerzas que controlan las nuevas tecnologías (Wolton, 1999).
Las prácticas comunicativas generan hábitos y promueven regularidades que los actores sociales desarrollan, a veces hasta de manera automatizada, en la medida en que han interiorizado comportamientos y modelos o patrones de reacción frente a los referentes comunicativos. A veces lo más difícil de modificar son precisamente estas costumbres colectivas e individuales frente a los referentes informativos, mediáticos y no mediáticos, que son los que sustentan --lo que aquí entiendo como-- la ritualidad comunicativa. Esta ritualidad generada tanto con relación a medios, como a géneros programáticos y por supuesto con relación a tecnologías es las que en todo caso va reflejando grados de apropiación de esos referentes o de abandono. Procesos que suponen habituación y tiempo.
La Explosión de las Mediaciones.
Originalmente el concepto de mediación en el ámbito de la comunicación social fue inaugurado como propiedad exclusiva de los medios (Martín Serrano, 1982). En inglés o francés es más sencillo ver esta derivación de media a "media- tion". Posteriormente, Martín-Barbero (1987) usa el concepto con otra intencionalidad y para significar el descentramiento de la comunicación de los medios, lo que él llamó el mediacentrismo en este campo de estudios. La cultura, entonces, vino a ser asumida como la mediación principal o "mediación con mayúsculas" y posteriormente derivó en diversas mediaciones más específicas (Orozco, 1991).
Entender el
Con este entendimiento sobre las mediaciones, lo que actualmente estamos presenciando es un interjuego distinto de sus pesos específicos en la comunicación social. Si antes las mediaciones institucionales propias de las diversas instituciones sociales a las que las audiencias pertenecían eran muy importantes en la definición y orientación de las producciones de sentido, como la escuela o el Estado por ejemplo, ahora esas instituciones típicas de la modernidad y del siglo pasado han perdido fuerza. Que haya sido la globalización o el mercado, o el estadio específico del capitalismo, no importa tanto en este punto de la discusión ya que lo que lo que se desordena es justamente el ordenamiento tradicional de mediaciones. En este interjuego, la tecnológica adquiere una importancia quizá desmedida, al tiempo que otras mediaciones casi desaparecen, o se atrincheran en fundamentalismos desde donde buscan tener alguna oportunidad de incidencia en el intercambio societal en su conjunto.
Las mediaciones cognoscitivas, como la misma capacidad de percepción, se alteran debido a las posibilidades tecnológicas de transmisión y consumo de información y principalmente de imágenes. Con la tecnología audiovisual y la convergencia tecnológica entre lo digital y lo televisivo, la percepción adquiere dimensiones insólitas, que incluso trastocan el mismo sistema nervioso y las habilidades visomotoras. Desde el caso de los efectos de epilepsia en niños que en Japón vieron programas de Pokémon en 1997, hasta el paroxismo que envuelve la visión en pantallas liquidas o en pantallas de tres dimensiones, la percepción está en el centro de las transformaciones presentes y futuras en el ámbito de la comunicación, cada vez más estimulada por la mediación tecnológica.
Junto con lo perceptivo, otro de los mayores des-ordenamientos comunicativos vigentes es la auto legitimación de la imagen y en particular de la imagen en movimiento, de la imagen que constituye esa visualidad tecnificada, ya que se está convirtiendo en principio o criterio esencial de autoridad, vía la enorme verosimilitud que alcanza con las más recientes tecnologías. Los simulacros de realidad que a veces resultan hasta más reales que la realidad misma que simulan, no son sino ejemplos de la explosión de lo que podemos considerar la mediación visual en las creencias de los usuarios y en los criterios de verdad (Levis, 1999).
La audienciación como escenario y estímulo a la emergente formación de redes.
Primero fue el pueblo, luego la masa y después de la modernidad son quizá las redes las estructuras a través de las cuales las sociedades contemporáneas se organizan e interactúan. Por lo menos esto es lo que profetizarían varios autores.Pero a mí me parece que en el ámbito específico de la comunicación, de la masa se está pasando a las redes vía la
En la medida en que se ha realizado una
Por lo menos en América Latina, la audienciación de las sociedades está en su pleno apogeo con la llegada de algunos servicios comunicacionales como la televisión de paga en sus distintas modalidades. Y no obstante las transformaciones mediáticas que teóricamente son posibles o se pronostican en el corto plazo, siguen siendo y seguirán siendo las interacciones mediáticas con los viejos medios, las interacciones dominantes en amplios sectores de la mayoría de los países, por lo que se hace necesario entenderlas mejor en todo lo que implican.
Ser audiencia hoy -y empezar a ser red o llegar a ser red mañana- significa para los actores sociales por lo menos tres cosas. En primer lugar significa una transformación sustancial de su estructuración. Su cohesión y divisiones estamentarias tradicionales, antes definidas por criterios como género, edad, clase social y etnia, o por criterios más situacionales como tipo y lugar de trabajo, nivel educativo, orientación política o religiosa, cada vez más se definen dentro de una espiral de mediaciones que hacen estallar sus límites privilegiando el criterio transversal de segmentación mediática:
En segundo lugar, ser audiencia también modifica el vínculo fundamental entre los actores sociales con su entorno y con los acontecimientos y fuentes tradicionales de información: barrio, amigos, familia, compañeros de trabajo o de juego, por una parte. Por otra, con las fuentes institucionalizadas como el gobierno o la iniciativa privada. Las ventanas de las casas van siendo suplantadas por las pantallas de los televisores y los ordenadores, y las plazas públicas y calles, otrora lugares colectivos de los encuentros, para un número creciente de las poblaciones van siendo cambiadas por los "chats" y las incursiones en los sitios en la red (Maldonado, 1998). Los encuentros personales se reducen y aumentan los contactos virtuales y las experiencias vicarias (a través de las pantallas y la tecnología). Pero sobre todo, la participación posible de los sujetos se traduce y reduce a meras exclamaciones o reclamos al viento o en compulsivos "zappings" bajo techo.
En contra parte, la representación mediática y la virtualidad continúan su crecimiento vertiginoso y se consolidan doblemente como productos y procesos, a la vez que como mediaciones privilegiadas para conocer, sentir y gustar. La mediación videotecnológica sedimentada en las "virtudes" implícitas que como medio posee la televisión de instantaneidad, verosimilitud y alta fidelidad que confieren a la evidencia visual veracidad, al tiempo que la ponen "frente a los propios ojos del televidente", anclando su naturalización y legitimidad en su ancestral (y bíblica) confianza en lo que ven y la mediación informacional (digital) sedimentada en la interactividad que parece diluir las fronteras entre productores y consumidores de conocimiento al ofrecer la sensación de ser no sólo receptores sino también emisores del conocimiento construido.
Y aquí realmente yo tengo una gran duda. ¿Será que la nueva tecnología de verdad nos permitirá modificar sustancialmente las condiciones de producción de conocimiento que queremos o sólo nos permitiría ciertos rangos de libertad y creatividad mayores, pero siempre enmarcados en condiciones que no fueron ni de nuestra producción ni de nuestra elección?.Estas mediaciones (visuales y digitales) invaden y erosionan los modos ilustrados, orales y escritos de percepción, apropiación, producción y circulación de saberes, conocimientos, juicios, opiniones y nociones, incidiendo también en una transformación desbocada de algunos usos sociales de lo percibido, apropiado y (re)producido por los actores sociales.
En tercer lugar, el estar-siendo audiencia trastoca también los límites espacio-temporales del intercambio societal y deslocaliza a su vez la participación real de los actores. Sin un claro sentido del lugar (Meyrowitz, 1985) las audiencias no sólo se encuentran a la deriva, sino que sus anclajes en lo real se vuelven difusos, movedizos, bastante impredecibles, lo que provoca un proceso inflacionario de dispersión-reencuentros con ataduras momentáneas a "no lugares" que deslocalizan y adestiempan su reinserción en el devenir cotidiano. Las diásporas y los nomadismos de las audiencias encuentran sosiegos precarios en las gratificaciones mediáticas y tecnológicas que no obstante su precariedad pueden resultar reconfortantes y conciliatorias con sus ímpetus legítimos por manifestarse como ciudadanos más allá del cuarto de ver televisión o del cuarto de usar el ordenador. Después de todo, ¿a dónde, cómo, cuándo dirigir sus demandas y protestas frente a lo que ven y nos les gusta, frente a lo que experimentan y les causa malestar, cuando sus inconformidades son más producto de sus emociones y de sus experiencias virtuales que de su racionalidad?.
Participación Deslocalizada.
En un tiempo intersectado por una exuberante mediatización y una audienciación galopante de los sujetos sociales, por una tendencia creciente de migración digital, los referentes tecnificados de la comunicación se multiplican a la par que las apropiaciones mediatizadas de lo temporal-histórico y de lo espacial-situacional, inhibiendo otras maneras de participación e inserción ciudadana de los actores sociales. Estos, en tanto audiencias, comienzan a experimentar de manera insólita el fenómeno tecnológico que hasta los hace estallar en fragmentos todavía más entrecruzados dentro de sus nuevas y ya de por sí entrecruzadas segmentaciones. Fragmentos de audiencia donde es posible encontrar a los ricos que también lloran y ven telenovelas, a los niños que disfrutan y preguntan sobre lo que televen en la programación catalogada para adultos, a las madres que reprimen su llanto frente a ciertas noticias para"llorar agusto" con el siguiente capítulo de la telenovela, a los piadosos, que ya sin sentimientos de culpa y sin salir de casa, reverberan los oficios religiosos en pantalla, o a los "ciudadanos" que sacian sus ansias de novedad y sensacionalismo siguiendo al "gran hermano" o sienten satisfechas sus responsabilidades cívicas con el "estar al tanto y al día" de lo que acontece en su entorno después de ver y escuchar el cotidiano programa de noticias.
Los muchas veces implosivos conatos de participación de las audiencias, sus posicionamientos efímeros frente a lo que consumen de los medios, sus búsquedas insatisfechas de placer, emborrachadas con las gratificaciones volátiles que obtienen de las pantallas,sus permanencias pasajeras, pero repetitivas en enclaves perceptivos y emocionales variantes, aunados a sus críticas, a veces devastadoras pero improductivas e inmovilizadoras, que no obstante permiten advertir sus malestares mediáticos y tecnológicos, parecieran disparar al infinito sus interacciones y reclasificaciones segmentativas, que sin embargo se manifiestan siempre acotadas y con altas dosis de reacción frente a esos referentes televisivos que nunca decidieron (Orozco, 2001).
Transformaciones Identitarias.
La erosión de las identidades tradicionales, es una consecuencia del juego de mediaciones entre las que destacan la mediática y la tecnológica. Si en la premodernidad las identidades se definían más por aspectos físicos y materiales, más bien naturales y posteriormente en la modernidad por la añadidura de ciertos atributos menos tangibles o naturales, adquiridos, en el tránsito a ese "Tercer Entorno" que nos narra Echeverría (1999) las identidades son menos esencialistas y más amalgamadoras (Martín-Barbero, 1996) y se van constituyendo de mestizajes e hibridaciones sedimentados en manifestaciones y representaciones sobre todo visuales y si bien guardan remanentes propios de otras etapas y modelos identitarios, los gustos y las sensaciones que la
Quizá uno de los fenómenos sustantivos más característicos de este cambio de época con relación a las identidades no sea ni su fragmentación ni su volatilidad, sino justamente su centralidad en el
Los movimientos sociales, reivindicativos, de distinta índole y calado pugnan actualmente por ser reconocidos en su distintividad, manifiesta y amplificada audiovisualmente. Y es en esa dimensión de visibilidades tecnificadas donde también la política y los políticos luchan por popularidad, medida cada vez más como objeto de rating, no necesariamente de liderazgo real. Acceder al micrófono y a la videocámara al tiempo que se convierten en objetivos sustanciales para los movimientos y las organizaciones sociales, premonizan el acceso a internet, el reconocimiento en los sitios web y la aceptación en los chats como estrategias imprescindibles del reconocimiento de los
El resultado que tenemos enfrente es una creciente dependencia de la tecnología y en particular de la mediática y digital en la vida cotidiana. Dependencia que sin embargo está siendo explotada y enmarcada no por razones de desarrollo humano sino esencialmente por razones mercantilistas. Los valores de eficiencia y competitividad mercantil sustentan o dan direccionalidad a muchos de los desarrollos tecnológicos contemporáneos.
Des-ordenamientos educativos.
Si desde el ámbito de la comunicación social la visión actual sobre la incorporación de lo audiovisual-informático a la educación conlleva una alta dosis de miopismo y perversidad, desde las interacciones de los usuarios con la tecnología de información, la educación posible y deseable de los sujetos audiencia conlleva un alto grado de incertidumbre.
Una fuente de incertidumbre se encuentra en los destiempos que salpican e influencian el devenir cotidiano de los sujetos audiencia. Un primer destiempo reside en que la televisión (y quizá más el ordenador en la medida en que se generalice su uso) convierten el acontecer en presente efímero, hoy sobre todo a través de la programación de noticias. La instantaneidad de las emisiones televisivas, al tiempo que convierte la información en novedad, la vacía de historicidad. El resultado es un flujo constante, sin principio ni fin, intermitente, que transmite un presente continuo como oferta y que es continuado por las reiteradas visiones de las audiencias. Lo que pasó ayer, sin adquirir historia, puede volver a ser visto hoy o mañana, sin que vuelva a pasar, pero siempre en presente, no en pasado, hasta que vuelva a encontrar un nuevo presente mediático (virtual) no real.
La dinámica mediática en su voraz persecución de ratings adestiempa la historia, que en imágenes en movimiento, pero involutivo, asoma en sus pantallas, y cuya secuencia no corresponde necesariamente a la secuencia real de sus acontecimientos. La desubicación temporal de las audiencias provoca que el tiempo nuevo introducido mediáticamente no corresponda con sus tiempos reales, lo cual contribuye a
La visión de un "tiempo adestiempado" posibilitado por la tecnología sumerge a las audiencias en un mar de sensaciones sin proyección temporal, donde pareciera dar lo mismo observar la realidad transmitida que ver una telenovela, una película o un "documental" (ficcionado, por supuesto) sobre la vida de los dinosaurios en el Discovery Channel! . Pedagógicamente esta situación tiene repercusiones, no sólo para aprehender la historia, el futuro y la propia ubicación en el mundo de los sujetos audiencia, sino sobre todo entre los niños, cuya comprensión de los tiempos conlleva un esfuerzo específico, nada sencillo, pero que parecen superar frente a la televisión en tanto que se muestran seguros que los que mueren en pantalla siempre pueden resucitar o tener evoluciones, "a la Pokémon" después, y les cuesta mucho entender la situación de la vida y la muerte reales.
En las pantallas puede pasar prácticamente todo, en el momento que se quiera y lo que ha pasado antes o mucho antes, como los dinosaurios, recobra vida en una simulación escénica dotada de una enorme verosimilitud. Y con el ordenador además, se incluye la participación de los propios usuarios a través de procesos más interactivos.
Pero los destiempos educativos de los actores, sujetos- audiencia, también se manifiestan en la comparación con la vida escolar. La escuela y la universidad tienen horarios fijos, turnos determinados, locaciones precisas. En cierta medida se mantienen como reductos de la instrucción y de la preservación de la cultura y las tradiciones autóctonas. Volcada al pasado y resistente a mirar el presente todo, la escuela (pública) actual ve amenazado su futuro y "estalla" ante el siempre presente mediático-informático, innovador y sin horarios, hecho posible por las más recientes tecnologías de la información A ese referente se puede acceder en cualquier momento y casi desde cualquier lugar, no hay que hacer traslados físicos.
Desplazamientos Educativos.
Otra fuente de incertidumbre se encuentra en los desplazamientos educativos, que no encuentran sosiego, provocados por los medios y las más nuevas tecnologías. Entre las deslocaciones que introducen en la educación, es quizá la de la autoridad la más importante. Esta deslocación conlleva diversas facetas. Una es el mismo desplazamiento del aprendizaje de la escuela y aún de la vida, por el de las pantallas.
El cuarto donde se usa el ordenador y/o se ve televisión se reconvierte en escenario de múltiples vivencias y experiencias, aunque sean vicarias y virtuales que devienen en múltiples "lecciones" para la vida. Lo que se aprende ahí resulta muchas veces más relevante que lo que se aprende en instituciones educativas formales. La mera exposición de las audiencias a la imagen en las diferentes pantallas posibles, supera cuantitativamente su exposición a las pizarras y a las figuras magisteriales en las aulas. El mero contacto con el saber y los saberes, con los conocimientos legitimados, se reduce cada vez más en las instituciones educativas, bombardeadas por las ausencias magisteriales, los días festivos, los requerimientos sindicales de los docentes, las políticas de los ministros de educación en turno, etc., y aumenta geométricamente ante la proliferación de ofertas mediáticas y cibernéticas.
Otra faceta de esta deslocación se manifiesta con respecto a las fuentes legitimadoras de los aprendizajes. Antes, el libro tenía la "ultima palabra" que le peleaba al maestro en el salón de clases. Ahora, la última imagen esta en la pantalla y la última palabra la tienen los sujetos audiencias, y sus ojos: "si lo veo en pantalla, lo creo, es verídico, si no lo veo, puedo dudar y desconfiar". La vista entonces se reconvierte como legitimadora de lo que pasa por ella, sin importar si eso es verídico, valioso, entendible, estructurado o simplemente banal, falso, manipulador o sesgado en tanto producto necesario de representaciones. Desde las interacciones mediáticas, los sujetos educandos cuestionan al maestro, cuestionan sus saberes enciclopédicos vaciados de significado, frente a la proliferante significación representacional y policromática de sus ecosistemas comunicativos.
Las salas de ver televisión y navegar instituidas en "escuelas sin licencia"; los medios convertidos en protagonistas no sólo en mediadores o reproductores del acontecer social; los
Hacia un Cambio de Paradigma.
El proceso de aprendizaje propio del paradigma que posibilita la tecnología informacional es por descubrimiento (exploración), no por imitación (reproducción), como ha sido el caso predominante hasta ahora en muchas culturas y en la misma educación escolar.
Este paradigma del descubrimiento entonces, no es nuevo como tal, pero su novedad estriba en que ahora será el predominante, por una parte y por otra, en que los descubrimientos que se posibilitan con la tecnología de la información -y por tanto el conocimiento que se construye- una vez logrados, sirven de base para nuevos descubrimientos, por lo que se establece no una cadena, ni una serie, sino más bien un árbol a la vez impredecible en su crecimiento subsiguiente y vinculado con "nodos" (como Castells (1998) enfatiza en el modelo de estructuración de las redes).
Independientemente de las ventajas que un proceso cognoscitivo de esta naturaleza traiga, ahora y en el futuro, por el momento plantea una amenaza múltiple, y abre una seria confrontación que a su vez provoca reacciones desajustadas. Sobre todo a los educadores aunque no solamente a ellos.
Las ya de por sí erosionadas -por la visualidad tecnificada de los medios- figuras de razón y autoridad tradicionales, desde el
Los docentes manifiestan un temor profundo a ser reemplazados por las nuevas tecnologías de información puestas al servicio de objetivos de aprendizaje. Y las instituciones educativas no acaban de comprender la magnitud del cambio, e insisten tercamente en continuar con una visión reduccionista que sólo repara en el aspecto instrumental tanto de medios como de tecnologías. No es la sola dotación de máquinas en las escuelas la alternativa para atajar el desafío, como se han empeñado muchos ministerios latinoamericanos de educación. Es más bien el debatir y repensar los para qués de la educación y la comunicación en un gran cambio de época como el actual, lo que necesitamos seguir haciendo.
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Fuente:
Visite la página web para acceder aldocumento presentado en la primera Conferencia del Congreso Internacional "Comunicación,universidad y sociedad del conocimiento" en Salamanca, España, en enero de 2002.
Para más información contacte a:
Guillermo Orozco Gomez.
E-mail: gorozco@cnsf.gob.mx
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