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Internet: El Apartheid Electrónico
Por Alfonso Gumucio Dagron
Internet ha sido en gran medida idealizado como la nueva tecnología que unirá el mundo entero mediante la magia de los computadores. Pocas personas parecen darse cuenta de que en realidad se ha convertido en una nueva forma de apartheid, en un "apartheid electrónico", más amplia que cualquier otra forma de discriminación, ya que pretende abarcar todo el globo. Quien no lea, hable o escriba en inglés está fuera del juego, es segregado, exilado y enviado a los ghettos del español, el hindi, el francés, el mandarín y las otras lenguas con una baja representación. El idioma "oficial" del Internet se ha convertido en el nuevo color de piel de la supremacía cultural, dominación cultural en su máxima expresión.
¿Qué estamos haciendo al respecto? ¿Por qué hay tan pocas personas así sólo sea discutiendo el problema? Para demasiada gente en los Estados Unidos es simplemente "natural" que todo el resto del mundo se deba comunicar en inglés, nadie se toma el trabajo de detenerse a considerar las implicaciones que esto tiene. La globalización en su mejor momento: "Está aquí, no hay nada que hacer". ¡Que conveniente!
¿Es justo que todo el resto del mundo deba aprender inglés para formar parte de la "democracia electrónica"? Hemos visto en los países en desarrollo organizaciones que gastan su tiempo y sus energías "traduciendo" contenidos de la red a lenguas locales, con la esperanza de que Internet eventualmente ayudará a la gente a sentir que es parte de una sociedad moderna. Hemos visto cómo computadoras y conexiones a Internet son instalados en zonas rurales donde ni siquiera hay agua potable, en nombre de un mal definido "derecho al conocimiento" –como si el conocimiento fuera sólo un privilegio de las sociedades industrializadas, generosamente concedido a los "pobres" a través de nuevas tecnologías de "acceso".
La gran mayoría de la población en países de África, Asia y América Latina no lee ni habla inglés. El inglés podrá ser la principal lengua en el Internet (el 90% de las comunicaciones se efectúan en esa lengua), pero está lejos de ser la principal lengua en nuestro diverso mundo. Es demasiado fácil decir, por ejemplo: "¿Pero hablan inglés en la India, no es cierto?" Seguro, vaya y cerciórese. Ni siquiera los taxistas en Delhi se desenvuelven bien en inglés, para no hablar de los mil millones de personas que no tienen ningún contacto con los pocos millones que hablan inglés en la India. Esto también vale para países africanos como Nigeria, Kenia, Tanzania y otros. En los "países de habla inglesa" y en las excolonias, la mayoría de la población no habla y mucho menos lee o escribe en inglés. Tomemos América Latina, todo un continente que está luchando por formar parte de la "democracia electrónica". En el mundo del Internet hasta el castellano y el mandarín -más grandes que el inglés en el mundo real- se ven como pequeñas tribus, al borde la extinción.
Aunque ha sido idealizado como una herramienta de comunicación global, hasta ahora Internet sirve principalmente a aquellos que hablan inglés. Sin embargo, el inglés es sólo un aspecto del problema. Internet es promovido actualmente como herramienta del desarrollo, pero a una escala poco significativa en los países en desarrollo. Se han realizado conferencias y se ha hablado mucho de "telecomunicaciones rurales"; demasiados computadores han sido lanzados en paracaídas sobre áreas rurales de Sri Lanka, Malí o Guatemala. ¿Quién va a usarlos? ¿Quién se verá beneficiado de esta tendencia paternalista? ¿Desean las comunidades tener acceso a Internet, cuando no tienen acceso al teléfono, la electricidad o el agua potable? ¿No es esta una gran contradicción? Por supuesto que lo es, pero algunos viajeros internacionales se sienten tan bien cuando llegan a las más aisladas aldeas en Uganda o Filipinas con una computadora portátil bajo el brazo, para mostrar la caja mágica en acción –como los españoles usaban los brillantes espejos para subyugar a los Incas o los Aztecas durante la conquista de América.
Cuando acuñé el término "apartheid electrónico" y lo lancé a un debate a través de Internet, las reacciones fueron muy interesantes. Alguien reaccionó argumentando que el inglés era el "fluido" que hacía posible Internet. Supongo que se refería a la "sangre correcta" necesaria para que el sistema funcione.
Otro participante reaccionó de forma defensiva: "nosotros le estamos entregando al mundo esta increíble tecnología, tómenla o déjenla". En otras palabras, cada quien debe ponerse al día o es dejado de lado. De alguna manera, me recordó aquellas culturas en las que los recién nacidos débiles y enfermos eran lanzados al mar, para ahorrarle a la sociedad la carga de tener que cuidar de ellos.
Unas pocas reacciones eran condescendientes: "no se preocupen, resolveremos este problema pronto. En el futuro habrá programas que traducirán automáticamente los contenidos de la red a otras lenguas". Seguro, ya existen algunos y son cada vez mejores, pero una solución técnica no evacua el problema cultural.
Finalmente, leí algunas reacciones optimistas: "las culturas sobrevivirán debido a la fortaleza de sus valores humanos, sin importar cuan profunda es la penetración del Internet, saturado de Estados Unidos". Bueno, tal vez no.
La realidad es que muchas culturas han ya desaparecido o están desapareciendo ahora mismo, bajo nuestros ojos. No es culpa de Internet, en realidad no es aún tan poderoso y no se ha expandido tanto entre las culturas tradicionales. Pero las culturas están enfrentando otras interacciones desiguales en el campo de la cultura. La radio, la televisión, la música y sobre todo los productos de consumo y la publicidad que los acompaña están convirtiendo las sociedades y las culturas en fértiles campos para la expansión comercial. Cualquiera que haya trabajado en países en desarrollo ha visto las cosas cambiar en años recientes y la tendencia no podría ser más fuerte ahora que la globalización está de moda. El prospecto más optimista para muchas culturas es convertirse en enclaves del turismo, áreas culturales protegidas en una caja de cristal sin oxígeno, como sucedió en los Estados Unidos con muchas de las naciones (o "tribus") originarias. Por supuesto, es preocupante que en países de Asia, África y Latinoamérica no estamos hablando de comunidades pequeñas, sino de culturas que incluyen a la mayoría de la población.
La historia nos ha enseñado que es sano para las culturas mezclarse y evolucionar a través de interacciones. Ninguna gran cultura se ha mantenido "pura". Las sociedades más importantes han tomado prestado y han compartido; las interacciones culturales son responsables de algunos de los momentos cumbres en el desarrollo de la humanidad. Pero en la era electrónica las condiciones del "intercambio cultural" son en exceso desiguales, tanto como las que caracterizan el intercambio comercial. Las reglas del juego han sido dictadas en forma unilateral. Las culturas, ya debilitadas y divididas (en estos días a menudo debido a denominaciones y sectas religiosas oportunistas) son fácilmente eliminadas por la marea del libre mercado. La visión de un mundo en el que todos tendrán "acceso" a las mismas hamburguesas y a la misma agua negra azucarada es en realidad estremecedora, pero esa es sin duda la tendencia. La paradoja es que el capitalismo ni siquiera necesita comportarse en forma imperialista, todo el mundo contribuye a hacerle el trabajo sucio, incluyendo los académicos, los científicos, la gente de los medios y yo mismo, que hice el esfuerzo de escribir este texto inicialmente en inglés. Estoy jugando de acuerdo a sus reglas.
Los progresos que se registran en la tecnología y el uso de Internet no incluyen esfuerzos para darle espacio a otras expresiones culturales. No es sólo el problema del lenguaje; uso la palabra "lenguaje" para referirme a toda la cultura subyacente. Los programas que traducen en forma mecánica del inglés al chino o viceversa no pueden abarcar esa dimensión. Para ser honestos, es mejor que no hablemos aún de que Internet "construye la democracia" o "expande las fronteras del conocimiento" hasta que esa expansión no tenga lugar, no sólo en términos de tecnología, sino en términos de contenidos pertinentes y de una representación balanceada de las culturas. La revolución tecnológica ha cegado a muchos, tanto en las naciones industrializadas como en los países en desarrollo. La fascinación del fácil acceso al resto del mundo ha oscurecido el tema de quien tiene acceso y cuales son los beneficios y cuales los riesgos.
Una de las ilusiones del Internet es que no tiene una administración central. En realidad la tiene; basta revisar los contenidos. El dinero manda. Lo que está sucediendo hoy con Internet, pasó antes con la televisión por cable y la satelital. Hace unos años algunos pensaban que la TV satelital y por cable llevarían a una mejor oferta de programas y a una mayor diversidad de información al mundo. Hoy sabemos que sólo lograron imponer un sólo punto de vista, una forma de vida, una forma de mirar la sociedad y la realidad... 24 horas al día! Las mismas grandes empresas que regulan las vidas de los ciudadanos de los países industrializados han capturado Internet. Es necesario navegar a través de los más increíbles laberintos para llegar a algún oasis que valga la pena.
Soy consciente del potencial del Internet, como lo soy de esas personas privilegiadas en el mundo que: 1. tiene electricidad, 2. tiene una línea telefónica, 3. tiene un computador, 4. tiene suficiente para pagar Internet, 5. lee y escribe inglés (aunque con extraordinario trabajo, algunas veces). Sin embargo, no quiero cualquier Internet, y eso es precisamente lo que tenemos ahora, un Internet cualquiera, no el nuestro. Lo mismo que para la televisión, la cantidad reina sobre la calidad.
El ideal de una sociedad democrática global, en la que todas las voces y las diferencias culturales sean igualmente respetadas y valoradas obviamente no es compartida por quienes están instalados confortablemente en un mundo dominado por unos pocos. La democracia en el mundo real o en el ciberespacio no es algo que llega automáticamente sólo porque la tecnología ha avanzado o porque llegó el momento adecuado. Para tener un mundo mejor o un Internet mejor habrá que luchar mucho. En los próximos años las comunidades del Tercer Mundo y las asociaciones de consumidores en los países industrializados se organizarán para impedir que Internet se siga convirtiendo en un instrumento del comercio y de la publicidad. Parece tan normal ahora el tener una pantalla llena de anuncios y de ofertas de negocios, que nadie parece darse cuenta de qué tan horrible sería ver, por ejemplo, todos esos avisos y vínculos (links) rodeando una exhibición de Boticelli en Florencia o saturando la imagen de una película de Buñuel. ¿Por qué estamos tan dispuestos a aceptar tanta basura electrónica a la vez? ¿Dónde está el límite?
La palabra "free" (libre, gratis) en inglés ha sido corrompida en forma desafortunada e Internet la está proyectando a niveles globales: comida "fat free" (libre de grasas), "regalo free (gratis) si hace clic aquí", acceso "free" (gratuito)... como si esa palabra hubiera sido creada por mercaderes. Qué tanto mejor sería si el uso de la palabra "free" estuviera restringido a la acepción de libertad. Libertad de aprovechar las ventajas del Internet, la verdadera libertad de escoger los contenidos y el uso, en vez de simplemente imitar a los millones de clones (las "Dollys" de Internet) , que están haciendo clic en los mismos íconos, dirigidos a los mismos motores de búsqueda, los mismos sitios, las mismas páginas, como si estuvieran genéticamente pre-programados.
Que hermoso sería si del Internet emergiera un "octavo arte", algo tan nuevo y tan innovador y culturalmente adaptable, que pudiera repetir la hazaña extraordinaria de las otras siete artes y pudiera contribuir al avance de la humanidad.
Nadie podría negar que el Internet es un gran avance y que tiene un potencial enorme. Pero este es el momento para hacerlo funcionar en bien de todo el mundo y no sólo como la punta de lanza de la globalización. El problema del apartheid electrónico tiene que ser tomado en consideración, con mentes abiertas y actitudes menos arrogantes. El tema aquí no es sólo cómo tener éxito en la venta de tecnología al tercer mundo. El reto es moldear Internet como una herramienta para la democracia y el desarrollo, para la participación y la identidad cultural.
Para más información contacte a:
Alfonso Gumucio Dagron
E-mail: GUMUCIO@guate.net.gt
O visite la página web de Alfonso Gumucio
Comments
Felicito a don Alfonso Gumucio Dagron. Entre otros momentos de gran interés, su artÃculo me recordó cuando yo pensé que la televisión producirÃa un arte nuevo, para el siglo veinte. Ojalá a este autor sà se le cumpla que la Internet lo produzca para el veintiuno, en vez de que quiera imponernos tanta porquerÃa a cambio de sólo algunas cosas buenas; algunas magnÃficas, claro.
Andrés González Pagés.
México.
me parecio buenisima, es mas la voy a tener en favorito, yo buscaba otra cosa y de carambola llegue aqui. Buscaba paises con el idioma ingles, solo ingles. bernarda. moti_20@hotmail.com
Spanish
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