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2.3. VIH se politiza de nuevo: tratamiento, estigma, hombres

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2.3. VIH se politiza de nuevo: tratamiento, estigma, hombres

Los dos últimos años han visto un gran cambio en la dinámica del debate sobre VIH. Desde el principio de la epidemia en la mitad de los 80s, la sociedad civil y las organizaciones de apoyo a personas portadoras del VIH en países en desarrollo han luchado para que sus voces sean escuchadas internacionalmente. Mientras que durante los años 80s y 90s sus contrapartes de la sociedad civil en Norte América y Europa, especialmente en el movimiento gay, formaron grupos altamente organizados y extremadamente efectivos que les permitieron colocar el tema del VIH/SIDA en las agendas política y pública, las organizaciones de los países en desarrollo han tenido dificultades en encontrar una voz común y una expresión global.

En contraste con la coalición altamente efectiva, en gran parte lograda gracias al esfuerzo de los países en desarrollo, que surgió de las conferencias de El Cairo y Beijing para alcanzar un cambio en las prioridades internacionales y nacionales respecto al status de las mujeres en la sociedad, no ha surgido una coalición internacional análoga de la sociedad civil, con el mismo perfil y la misma fuerza, en el campo del VIH/SIDA. Esto se debe en parte a que no se trata de un tema alrededor del cual se puedan hacer demandas concretas de acción.

Un tema con estas características surgió al finalizar los 90s, en la forma del acceso a tratamientos contra el VIH/SIDA. Probablemente por primera vez, las organizaciones del Sur podían establecer su propia agenda, sus propias demandas y sus propias prioridades en respuesta al VIH/SIDA. Una combinación de falta crónica de acceso a los tratamientos contra el VIH/SIDA, la oposición consistente de los fabricantes de drogas del Norte y sus gobiernos a otorgar licencias para las terapias combinadas, las características –percibidas como injustas- del marco internacional de derechos de propiedad intelectual (TRIPS) y la creciente escala de la epidemia, terminaron por poner en marcha un gran movimiento político internacional, impulsado desde el Sur, que representaba los derechos de las personas con VIH en los países en desarrollo.

Este movimiento se originó principalmente en Suráfrica y Brasil como respuesta a la actitud de las compañías farmacéuticas, que se negaban a reducir el precio de los anti-retrovirales (ARVs) o a permitir que compañías de los países en desarrollo los produjeran. El movimiento fue impulsado por el revuelo político que causó la actitud del presidente Thabo Mbeki, quien se negaba a reconocer la realidad de la epidemia de SIDA en su país, y por la falta de compromiso para enfrentarla por parte de muchos de los líderes políticos de Africa (actitud ejemplificada durante la conferencia internacional sobre VIH/SIDA en Africa, 1999, a la cual no asistió ningún líder africano). La conferencia internacional sobre VIH/SIDA en Durban en el 2000, que contribuyó a fortalecer el movimiento, fue la primera de estas conferencias que se realizaba en un país en desarrollo, y la primera en que la mayoría de los participantes provenía de países en desarrollo.

A pesar de las inmensas limitaciones, tanto prácticas como económicas, para volver asequibles las terapias con ARVs en muchos países en desarrollo, este movimiento está empezando a darle a la sociedad civil en los países en desarrollo la oportunidad de apropiarse del tema del VIH/SIDA, de diseñar sus propias agendas respecto a la epidemia y a transformar un tema de salud en uno político. Al hacerlo, millones de personas en Suráfrica, Brasil y otros lugares, que antes veían el tema de VIH/SIDA como un problema de salud pública y de comportamiento sexual, se ven involucradas en un debate sobre justicia económica y derechos humanos. El cabildeo internacional ha logrado que las compañías internacionales hagan concesiones importantes, reduciendo los precios de las ARVs y, más recientemente (en el marco de la Organización Mundial del Comercio), en el tema de los derechos de propiedad intelectual.

El SIDA ha sido una epidemia altamente politizada, capaz de poner en marcha movimientos sociales, lo que un problema de salud raramente logra (aunque tampoco es un caso único, como lo evidencia el caso del movimiento global alrededor del tabaquismo). Es claro que un impacto persistente en el caso del VIH/SIDA depende de una respuesta global importante, pero también es igualmente claro que la respuesta necesita ser implementada en el contexto de una agenda global sobre el problema, que sea diseñada e impulsada desde adentro de los países en desarrollo. La campaña sobre el tratamiento está ayudando a cristalizar la respuesta.

Sin embargo, muchos activistas siguen siendo pesimistas respecto a lo que puede alcanzarse en términos de mejoría en el nivel de acceso, aún si hubiera un aumento sustancial de fondos. El documento UNGASS señalaba tanto la prevención como el tratamiento, como las estrategias clave para atacar la pandemia del SIDA. Es probable que la discusión se intensifique en los próximos meses, acerca de dónde y cómo se deben invertir prioritariamente los recursos.

Un análisis alternativo de la campaña del tratamiento es que este tema, lejos de politizar la epidemia, la está re-medicalizando. Una razón importante para el establecimiento de ONUSIDA fue el reconocimiento de la complejidad de la epidemia y de que claramente era necesaria una respuesta multisectorial. Con el tema del tratamiento de nuevo volviéndose central, existe la preocupación de que el foco se desplazará hacia una solución esencialmente médica, reduciendo el problema a cómo tratar los síntomas de la epidemia y restándole importancia a cómo atacar sus causas.

El acceso al tratamiento está lejos de ser el único tema que ha galvanizado los movimientos sociales de esta manera. Hay un creciente movimiento, que está ganando en identidad y en energía, dirigido a confrontar la estigmatización que acompaña el VIH/SIDA. Este movimiento surge de redes de personas que viven con el VIH/SIDA y otras organizaciones de la sociedad civil relacionadas con el VIH/SIDA, y se está convirtiendo en una importante prioridad para las agencias y organizaciones internacionales. ONUSIDA ha designado este aspecto como el foco de la próxima campaña mundial contra el SIDA.

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