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¿Y el dinero, hace la diferencia?

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71
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Este Son de Tambora es el primero de una serie de números de análisis que La Iniciativa de Comunicación publicará regularmente. Dichos números recogen la opinión de diversas personas sobre temas críticos para el campo de la comunicación para el desarrollo. Son piezas que reflejan únicamente el punto de vista de su autor y de ninguna manera, el del grupo de socios de La Iniciativa de Comunicación o The Communication Initiative, individual o colectivamente.


Para esta entrega hemos querido traducir el artículo escrito por Warren Feek, director de The Communication Initiative, para el boletín electrónico The Drum Beat.

Oprima >aquí para ver el texto original en inglés.

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¿Y EL DINERO, HACE LA DIFERENCIA?

Es casi imposible entablar una discusión con personas vinculadas al campo del desarrollo internacional sin escucharles decir alto y claro: "seríamos mucho más efectivos si tuviéramos mas dinero". Por alguna razón estamos -o creemos estar- al final de la cadena de la financiación.

¿Estarán pidiendo demasiado? Sería muy interesante saber qué ha sucedido con las importantes, pero casi por definición, nunca suficientes inversiones del Fondo Global para el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria; con las de la Fundación Gates; con los US $15 billones para el SIDA recientemente prometidos por el Presidente Bush y con otros procesos de financiación a gran escala que están actualmente en marcha.

Porque ciertamente, no ha sido poco el dinero destinado a la inversión para el desarrollo. Un informe que leí recientemente, estimaba que el Banco Mundial y el FMI han gastado y/o prestado y/o invertido 30 trillones de dólares (¿será esta cifra real?), desde el inicio de sus actividades. De igual forma, el gasto total de las 20 grandes agencias bilaterales en los últimos 30 años, ha de ser gigantesco. ¿Conoce alguien el monto? ¿O el de las inversiones de las 50 más importantes organizaciones sin ánimo de lucro y ONGs en este mismo período? Las cifras seguramente, no caben en la cabeza; y a pesar de eso, la situación no mejora: llevamos 20 años de crecimiento continuo del VIH; aún existen personas que viven con menos de 1 dólar al día; la reducción de la mortalidad materna es prácticamente nula; la degradación del medio ambiente continua; las tasas de vacunación infantil crecen en el sentido errado...

Recientemente el sitio web de The Communicaction Initiative publicó un valiente informe del Instituto Panos, uno de sus socios. Panos argumenta que, tratándose de la comunicación sobre VIH/SIDA, el problema no es la falta de dinero, sino el exceso del mismo: "Con los niveles de inversión en VIH/SIDA creciendo año tras año, el personal de las entidades donantes es sometido a grandes presiones para mantener bajos sus costos de funcionamiento y demostrar máximo impacto de los fondos invertidos. Adicionalmente, las políticas institucionales los obligan a financiar proyectos por plazos cortos. Así, aquellos proyectos que pueden mostrar resultados rápidos y concretos como afiches, volantes o eventos de alto perfil, resultan invariablemente favorecidos; y como lo atestiguan incluso los mismos miembros de la comunidad de donantes... estas constricciones se están volviendo cada día más intensas.

El problema pues, no es sólo la cantidad de dinero disponible, sino la manera como se invierte. Veamos dos ejemplos concretos. El primero relacionado con la co-financiación o el aporte por parte de un gobierno, de sumas proporcionales a las donaciones que recibe. Uno de los presupuestos esenciales del desarrollo, como también de la comunicación para el desarrollo, es que comunidad y gobierno deben determinar conjuntamente las prioridades nacionales. Pero la realidad es otra; son los gobiernos nacionales y locales y los procesos sociales, los que definen esas prioridades y la consecuente asignación de recursos públicos. ¿Qué sucede entonces cuando los fondos de co-financiación –una estrategia de financiación cada vez más común- son introducidos en la ecuación?

Veamos lo que pasó en un país, con altas tasas de prevalencia de VIH/SIDA, cuyo gobierno enfrentó el siguiente dilema con su estrategia de comunicación en contra de la epidemia: se determinaron las prioridades; se construyeron alianzas; se definieron estrategias; se asignaron recursos... Y luego, una agencia financiadora internacional ofreció decenas de millones de dólares para poner en marcha su propia estrategia de comunicación. Con otro agravante: para beneficiarse de la donación, el gobierno debía actuar como co-financiador, aportando inmediatamente, una considerable cantidad de dinero del exiguo presupuesto nacional, para la creación de una nueva organización. Así las cosas, las prioridades nacionales fueron re-definidas y las alianzas previstas perdieron importancia. Bajo la presión de funcionarios del gobierno, que veían con buenos ojos el aumento en el flujo de divisas y el crecimiento de sus presupuestos, la estrategia de comunicación en contra del VIH/SIDA fue "reformulada". No sorprende que fueran las organizaciones locales y nacionales, las que vieron más disminuida su participación.

Entre más dinero externo esté disponible y mayores sean las exigencias de "sostenibilidad", más frecuentes serán los acuerdos de co-financiación. Pero el resultado puede no ser el deseado: los gobiernos pueden privilegiar cada vez más, prioridades y agendas internacionales y dejar en segundo plano, la financiación de prioridades nacionales y locales. ¿El aumento en los niveles de financiación vuelve este problema irrelevante o más importante que nunca?

Antes de avanzar hacia nuestro segundo ejemplo quisiera hacer algunas observaciones sobre lo que a mi parecer (no estoy seguro de cuántas personas comparten mi perspectiva), constituye una práctica efectiva de comunicación para el desarrollo:

Las acciones de comunicación que afectan efectivamente el desarrollo son procesos lentos, de pieza a pieza y paso a paso. No existen grandes milagros ni panaceas. Una aldea, una favela, un grupo de mujeres, un cambio de política, una intervención presidencial, una conversación en familia, un informe radial, la letra de una canción, el guión de un dramatizado, una reunión de ancianos... son los procesos juntos, el tejido completo, lo que garantiza la efectividad de la comunicación. Ninguno proceso puede o debe dominar. Se trata más de una colcha de retazos que de la pieza de un diseñador. En este proceso, el liderazgo local es esencial: deben existir personas comprometidas de la localidad, que aporten el impulso y la visión y se apropien de la estrategia. Esto nos lleva al fin a nuestro segundo ejemplo...

¿Qué sucede cuando los líderes de proyectos locales y autóctonos son literalmente "extraídos" hacia organizaciones con fondos abundantes, de origen externo? Sucedió en un pequeño país en desarrollo, nuevamente con problemas de VIH/SIDA. Fuentes externas de financiación aportaron millones de dólares para crear una organización, que reclutó las personas más capaces del país, afectando seriamente a los grupos locales y nacionales. ¿Era ésta la estrategia de inversión adecuada?

Por supuesto, el tema aquí no es el dinero disponible, sino la mejor forma de invertirlo. Lo que realmente importa es la estrategia. Ningún dinero puede suplir las deficiencias de una mala estrategia. Sigamos tomando como ejemplo el VIH/SIDA. Aún si vamos a invertir mucho dinero en el desarrollo de una vacuna, es mejor que paralelamente, invirtamos en combatir el estigma, la discriminación y los problemas de género, que pueden minimizar la eficacia de la vacuna...funciones de la comunicación para la que se destina poca inversión actualmente.

Sería bueno también, que pensáramos en cómo garantizar la disponibilidad de la vacuna a largo plazo. Basta analizar las tendencias de la vacunación infantil para entender por qué éste puede ser un problema. Gracias al cansancio de los donantes, la competencia por fondos y la desintegración de los sistemas de salud entre otros hechos, las tasas de vacunación de la infancia parecen haberse estancado y en opinión de muchos, están decreciendo. El afán de vacunar tantos niños como fuera posible durante los años 80 y comienzos de los 90, parace haber comprometido la vacunación de los niños de las décadas del 2000 y el 2010.

Es necesario pensar además, en quién tomará las decisiones críticas en el futuro cuando los donantes se centren en otros temas, el VIH no sea el tema de la década y las implicaciones de una cobertura amplia no salten a la vista. ¿Quién abogará entonces por acciones relacionadas con el VIH? La respuesta por supuesto es: los más afectados; aquellos que deberían liderar la estrategia ahora... Sin embargo, cuando se anuncia una inversión de US $200 millones para investigación científica, no se anuncia una inversión equivalente (o si quiera de la mitad o la cuarta parte) para enfrentar la estigmatización, poner en marcha sistemas estructurales a largo plazo, comprometer a personas afectadas por el VIH y construir redes y alianzas que impulsen los procesos de desarrollo estratégico y su implementación... nuevamente, funciones de la comunicación, cuya ausencia disminuirá significativamente el efecto de la vacuna.

Tales argumentos pueden ser igualmente aplicados a otras prioridades y temas de desarrollo. El VIH simplemente nos ha servido para ilustrar algunos principios. ¿Es la disponibilidad de los recursos más importante que los principios de desarrollo expuestos? ¿Usted que piensa? ¿Qué dicen su trabajo y su experiencia?

Warren Feek

wfeek@comminit.com

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EN TOMANDO EL PULSO,

UNA DISCUSION SOBRE EL TEMA


Las millonarias inversiones realizadas en programas de desarrollo, no han logrado solucionar problemas como el VIH/SIDA, la vacunación infantil, la deficiencia alimentaria y otros.

¿Puede la comunicación marcar una diferencia?

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Este número del Son de Tambora expresa una opinión individual; ha sido escrito y firmado por quien lo escribió. Las opiniones que aquí se expresan son el punto de vista del autor y no necesariamente, las de La Iniciativa de Comunicación o sus socios.

El Son de Tambora pretende cubrir una amplia gama de actividades acerca de la comunicación para el desarrollo. La inclusión de un tema o idea en el boletín no implica apoyo o acuerdo de los socios.

Envíe información para el Son de Tambora a Juana Marulanda, Editora, jmarulanda@comminit.com

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