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Entrevista con Mayra Estévez y Alfonso Pinzón

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Mayra Estévez y Alfonso Pinzón son miembros del equipo de trabajo de La Sonora, red experimental de radios y prácticas artísticas con sonido, una de las Coordinadoras Nacionales de la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica – ALER. También son integrantes de la Red Intercultural Amazónica de Radios de América Latina de ALER. En esta entrevista relatan el proceso de desarrollo de La Sonora, sus características, objetivos y expaectativas de desarrollo a futuro, así como la experiencia de participación de Colombia en la Red Intercultural Amazónica de Radios.

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Entrevista concedida por Mayra Estévez y Alfonso Pinzón a La Iniciativa de Comunicación el 5 de febrero de 2008.

La Iniciativa de Comunicación: ¿Cuáles son los orígenes del proyecto La Sonora y cómo se estableció como Coordinadora Nacional de la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica?

 

Mayra Estévez: Hace aproximadamente un año, la Asociación La Voz de María, que es un órgano jurídico que opera en términos legales con la Compañía de Jesús y que tiene además un órgano de difusión que es la emisora 14.30 AM, firmó un convenio con ALER, la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica, para establecer en Colombia la posibilidad de un sistema satelital a nivel nacional.

 

Esta iniciativa nació como una necesidad sentida desde hace tiempo, pues hacía falta la participación del país en el sistema satelital liderado por ALER a través de sus Coordinadoras Nacionales.

 

A través de este convenio y de un equipo coordinador que está encabezado por el padre Jaime Salazar, quien es el Secretario Ejecutivo de La Sonora, Fernando López Forero, que es uno de los miembros del Comité Coordinador y yo, Mayra Estévez, Trujillo, empezamos a ver cuál era el sentido de armar una red de este tipo en Colombia.

 

El país tiene toda una tradición en el campo de la radio educativa, partiendo por la experiencia de radio Sutatenza y tiene aproximadamente 26 redes de radio, que aglutinan a más de 340 emisoras que llevan a cabo un trabajo con objetivos afines a los de ALER y AMARC (Asociación Mundial de Radios Comunitarias), las dos organizaciones radiofónicas más grandes a nivel latinoamericano.

 

Nosotros, en medio de un complejo contexto en donde hay una fortaleza muy grande en términos de la discusión política que se debe tener alrededor de la radio comunitaria, alternativa y popular, surgimos, con una red que lo que pretende es, sin distanciarse de los diálogos que puedan ya haber tenido los colegas, intentar acortar distancias para integrar a las radios interesadas, desde el sistema satelital - como una posibilidad vigente y valida en su uso, porque consideramos que el satélite es una herramienta política que se valida por medio del uso social que se le de - y también desde otra línea de trabajo que tenemos, que son las prácticas artísticas con sonido.

 

Este último un ámbito que poco se reconoce, pero en el cual Colombia cuenta con una trayectoria de aproximadamente 60 años en la experimentación con sonido, aunque no se ha establecido públicamente en el país que existen unas posibilidades sonoras que deben ser incluidas dentro de la agenda y dentro del discurso de la radio. Esta experiencia sí ha existido a nivel latinoamericano.

 

Frente a este panorama dijimos: - La Sonora puede ser un proceso interesante, que además de la participación de la sociedad civil en general, atienda a lo que está aconteciendo contemporáneamente con un grupo interesante de personas en Bogotá y en Colombia, cuyo trabajo proviene básicamente del circuito del arte contemporáneo y cuya preocupación ha dejado de ser visual, para ser sonora.

 

Hemos ido articulando el trabajo bajo una visión de una red experimental de radio y prácticas artísticas con sonido. A partir de ello, empezamos una labor no habitual dentro de lo que han sido las conformaciones de las Coordinadoras Nacionales en ALER.

 

Nuestro primer paso fue reflexionar sobre cuáles son las posibilidades qué tenemos, de qué se trata el Proyecto Político Comunicativo de ALER, qué podemos aportar a la radio desde esta experiencia y desde la interdisciplinaridad de este colectivo.

 

CILA: ¿Cuáles son los objetivos de La Sonora y algunas de sus particularidades con relación al trabajo de otras Coordinadoras Nacionales de ALER?

 

M.E.: Lo que nosotros queremos consolidar con La Sonora - y lo socializamos del 25 al 27 de enero en una plenaria en la cual presentamos las líneas de acción en las que veníamos trabajando e invitamos a participar a otras posibles afiliadas, tanto emisoras, como redes y centros de producción sonora y prácticas artísticas con sonido - es básicamente una red que funcione a nivel de una estructura colaborativa y que opere como un proyecto.

 

Tenemos una ventaja, que es el uso del satélite. Ya hemos visto en varias ocasiones su beneficios, por ejemplo, el 18 de mayo del 2007, a propósito del repudio hacia la muerte violenta que sufrieron los investigadores del CINEP Mario Calderón y Elsa Alvarado, hicimos una conexión satelital, en donde por primera vez Colombia pudo enlazar con un tipo de comunicación distinta, a través del satélite. La Secretaría Ejecutiva de ALER y más de 18 países, hicimos una programación especial en torno a este hecho. Fue muy interesante; como dirían en el movimiento Zapatista, comenzamos a entender lo global desde lo local, a sentir la necesidad de provincializar los universalismos.

 

Aprendimos que lo que nos interesa es servir como una herramienta política también y de negociación permanente, a través de la noción de interculturalidad; para esto, lo primero es preguntarnos: ¿cómo estamos articulando nuestras agendas desde los diferentes países?

 

Este proceso fue clave, porque consistió en abordar un tema actual desde una perspectiva de búsqueda de posibilidades de paz, pero también desde un paradigma de comunicación distinto y en una radio como La Sonora. Fue además, contradecir una idea establecida: cuando se piensa en AM, todo el mundo se imagina algo arcaico, tradicional y anticuado, algo que se quedó en el pasado. Nosotros rompemos esa noción con un proyecto como La Sonora, que se caracteriza por usar la última tecnología en radio, que cuenta en la actualidad con 10 emisoras y ha extendido la invitación a ser parte de esta estructura colaborativa a otras más.

 

También cuenta con la participación del proyecto Comunicarte, liderado por Alma Montoya. Y en cuanto al proyecto de prácticas artísticas con sonido y transmisiones, está coordinado por un equipo de artistas contemporáneos colombianos que se ha denominado “Pasquino”. Con ellos estamos reflexionando sobre cómo lograr dialogar en torno al sonido como una plataforma desde la cual se pueden hacer formas de experimentación sonora y que también al mismo tiempo hagan aportes sobre ideas diferentes temas, como por ejemplo, la noción como estética.

 

Ese es un tema que interesa debatir, porque ha sido parte de formas de control y disciplina de la producción simbólica, por medio de las cuales se ha determinado qué es lo culto, lo inculto y toda esa serie de binarismos, detrás de los cuales hay un fondo acerca de qué es normal y qué no es normal, lo civilizado y lo incivilizado, etc.

 

Estas discusiones involucran elementos muy importantes del Proyecto Político Comunicativa que ha ejecutado ALER en relación con sus coordinadoras. Esa es la parte interesante de la Sonora, renovar en términos de logística, pensando en la discusión conceptual. Hay una serie de intelectuales activistas que estamos alrededor de esto acá y en ALER también; gente que está pensando el campo desde un activismo intelectual. La discusión es muy rica.

 

Lo que sentimos, es que efectivamente, la Sonora viene a renovar algunas discusiones que se habían establecido como ya sentadas, precisamente, porque estamos trabajando desde la noción desde los estudios culturales de desnaturalizar la cultura, es decir, cuestionar si aquello que nos dicen que es cierto, lo es realmente.

 

CILA: ¿Qué proyecciones tiene La Sonora para este año?

 

M.E.: Los proyectos de La Sonora para el 2008 incluyen ampliar las posibilidades del satélite, dar continuidad a algunos planes que tenemos a nivel continental a través de la Secretaría Ejecutiva con otras Coordinadoras Nacionales y establecer algunas agendas en términos de responsabilidades visibles y participaciones mucho más descentradas de las emisoras y las prácticas artísticas en los centros de producción que están vinculados a esta estructura colaborativa.

 

Alfonso Pinzón: Considero que se trata de buscar lineamientos diferentes a los actuales medios de comunicación, es decir, buscar otras alternativas comunicativas que permitan desarrollar. Yo decía algún día: “Darle voz a los que no tienen voz”. Lógicamente tienen voz, pero no tienen la posibilidad de salir al aire como salen las grandes cadenas de radio, es decir, hay otras posibilidades y a partir de esas posibilidades es que se está construyendo la Sonora, buscando aunar esfuerzos, aunar trabajos que ya se vienen desarrollando desde hace mucho tiempo en muchas regiones del país. La idea es no trabajar solos, sino unirnos, pues podremos fortalecernos mucho mas a partir de esa unión.

M.E.: Estamos cumpliendo creo que un año de este esfuerzo y ha sido una muy buena experiencia, de “arrancar al revés” el proceso con ALER, o sea, primero pensarnos y luego empezar a diseminar ese habernos pensado, entregarlo y ver cómo nos hacemos cargo. Las experiencias han sido interesantes, dentro de eso, la Red Intercultural Amazónica de Radios, que es una de las fortalezas que hoy tenemos. Creemos que desde ahí hemos apuntado a algunas posibilidades de reflexión que son realmente interesantes en términos de seguir ampliando la discusión del campo de lo que es la radio como actor social y la esfera pública que este actor social debería propiciar.

 

CILA: Usted ha mencionado el proyecto de la Red Intercultural Amazónica de Radios como una de sus iniciativas más desarrolladas. ¿Podría contarnos más acerca de la experiencia colombiana como parte de esta Red?

 

A.P.: La idea de la Red surge con el propósito de rescatar esa interculturalidad que hay en los pueblos indígenas de la región del Amazonas. Y no sólo de los pueblos indígenas, se buscaba también la presencia de otros actores sociales, que en cada país son diferentes debido a las condiciones sociales; por ejemplo, en Colombia en esas regiones del Amazonas encontramos una población flotante que es resultados de las condiciones sociales y políticas del país: los desplazados por la violencia que han llegado y se han quedado viviendo en estos municipios en donde se esta desarrollando el proyecto. Además, los pueblos Afro también están presentes en muchos de los sitios involucrados.

 

Lógicamente, al incluir a otros actores, cambia un poco la visión de los pueblos indígenas. Dentro del proyecto aquí en Colombia hay dos emisoras que son manejadas por pueblos indígenas, las otras dos pertenecen a organizaciones sociales, establecidas en cada uno de los sitios donde funcionan. Mayra puede ampliar la información acerca de como nació la red.

 

M.E.: Dos situaciones me parecen centrales. Antes que nada, el proyecto nace como una iniciativa surgida básicamente desde la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica en convenio con AIETI, la Asociación de Investigación y Especialización en Temas Iberoamericanos y liderada porla Agencia Española de Cooperación Internacional.

 

La experiencia que nosotros hemos vivido en términos del proyecto, es que este venía escrito de una manera específica, desde una perspectiva muy urbana, de gente que imaginaba a los participantes con unas características determinadas. Yo pensaría que eso ocurrió en cada uno de los países en donde este proyecto se desarrolló.

 

Lo que aconteció en Colombia como una experiencia particular, fue que el proyecto lo usamos como el inicio de una posibilidad de discusión necesaria, a la cual, tal vez por la emergencia del día a día de las personas que hacen radio, no se da la debida importancia.

 

Nosotros vivimos el proyecto desde una perspectiva de rescate, pero no rescate como usualmente se concibe, sino en términos de empezar a identificar algo que está vivo y en términos de las necesidades y las discusiones que se fueron presentando en el camino.

 

Como sabemos, la noción de interculturalidad emerge desde la vida cotidiana de las personas. En América Latina, nace de los movimientos sociales más que de la academia y lo que hicimos aquí es poner eso en claro, es decir: - Nos parecen muy interesante el proyecto y las nociones de interculturalidad que plantea. Pero una cosa es la teoría y otra vivirla. Resulta que lo que lo que fuimos descubriendo es que la interculturalidad efectivamente es una herramienta en permanente construcción, que es programática. Lo que fuimos viendo es que, como decía Alfonso, la Amazonía no es una, sino varias.

 

Cuando intentamos hacer una primera cartografía para pensar a qué nos estábamos refiriendo al hablar de un proyecto intercultural en la Amazonía, nacieron muchas cartografías, pues resulta que, como en todas partes, la gente tenía su propia construcción cartográfica de aquello que había podido establecer como su vida cotidiana. Entonces el proyecto se fue enriqueciendo muchísimo desde los participantes y eso fue un eje central en este proceso.

 

Por ejemplo, Radio Ingakuna y Ocaína Estéreo nos empiezan a problematizar porque nos dicen: - Nosotros en nuestro proyecto de la radio ofrecemos un proyecto de plan de vida. Entonces tenemos una radio comunitaria que también tiene un propósito de ser el lugar de encuentro de la comunidad. Nosotros desde Bogota, efectivamente no teníamos nada más que hacer, sino ser respetuosos dentro de esa platica.

 

Estábamos intentando desarrollar un proyecto que no nació de una necesidad sentida por las comunidades, pero que efectivamente puede ser muy importante en términos de la conectividad que este proyecto va a tener con otros que se están llevando a cabo de forma simultánea en Venezuela, Ecuador, Brasil, Bolivia y Perú, entonces fue bien interesante.

 

Este es un proceso que no ha terminado, está en plena construcción y me parece que cada país le esta dando sus propias características. Lo que es interesante es que hay algunos elementos en común que compartimos en la Amazonia Latinoamericana. Por ejemplo, el tema de los desplazados, que mencionaba Alfonso es un tema que ocupa la Amazonía venezolana, la colombiana y ecuatoriana. O momentos cruciales, como por ejemplo el Plan Colombia han transformado esa Amazonía. Ese tipo de discusiones son las que hay que empezar a tener en una mesa de trabajo con el resto de los participantes de los otros proyectos que se están llevando a cabo.

 

También hay que pensar cómo a partir de una programación colectiva podemos poner en común esas coyunturas y cómo nos han afectado la vida. Sabemos que las fumigaciones a la Amazonía Colombiana han afectado a la zona ecuatoriana y que vamos a tener consecuencias en los próximos 50 años, en términos de enfermedades virales y patológicas. Esas discusiones son las que yo veo venir y son muy interesantes, porque pueden rebasar el propio proyecto, que, como dije antes, está pensado desde una perspectiva muy urbana, muy lejana a los conflictos cotidianos.

 

En esa medida vamos encontrando unos diálogos, unas posibilidades de ver de qué manera vamos haciendo este tipo de resistencia en términos de comunicación desde las propias lógicas y lenguas de cada uno de los participantes.

 

Cuando hablamos de una programación que se quiere implementar a través de un sistema satelital para la Amazonía, habría que considerar que solamente en la región con la que estamos trabajando, hay una serie de nacionalidades indígenas que tienen su propia logística y su propia lengua. Entonces se trata de un proyecto que rebasa la imaginación incluso, de lo que podemos hacer en términos efectivos.

 

Esas son las tensiones en las que estamos trabajando y de las cuales somos concientes. Hemos establecido que hay cosas que podemos contar y otras no. Para dar un ejemplo de lo que nos han podido contar, en el conflicto armado por ejemplo, hace diez años hubo una masacre masiva en la comunidad Coreguaje por parte de las FARC. Los Ingakunas, los de la radio Ingakuna vienen apoyando desde hace cinco años a los compañeros Coreguajes. ¿Y cómo los están apoyando? A través del yagé y la medicina solar. Se ha visto que es una posibilidad por medio de la cual se puede negociar de otra manera la vida de las personas. Esas particularidades son las que vivimos en este proyecto.

 

A.P.: Yo pienso que, hablando un poco de lo que dice Mayra, el proyecto fue planificado desde una perspectiva urbana, desde un escritorio, sin conocer absolutamente nada de la realidad de la región Amazónica, ni de la realidad de los seis países.

 

Para citar un ejemplo, podríamos comenzar por algo tan sencillo como las logísticas de traslado de los participantes: una persona que viene a un taller aquí en Bogotá, tiene que durar dos días viajando para llegar. Esas perspectivas no se las imaginan en Europa. Ellos no tienen la dimensión, no saben que para salir de la emisora Coreguaje Estéreo y llegar a Bogota, un participante primero tiene que atravesar el río en lancha voladora durante tres horas, que es la forma más rápida de llegar a un punto donde pueden conseguir transporte terrestre y a partir de allí viene otro trayecto de 24 horas haciendo intercambio de buses y taxis. Yo me imagino que en Brasil lograr reunir a los participantes para que puedan compartir sus experiencias debe ser aún más complicado por las distancias.

 

Como se anotaba, en al red tenemos en general seis diferentes procesos culturales. Y digo en general, porque cada país está marcado por diferentes factores; creo que en Colombia principalmente por el fenómeno de la violencia.

 

El fundador de Ocaína Estéreo, un proyecto muy bonito que se desarrolla en Puerto Caicedo, fue un sacerdote que fue asesinado por las FARC. A partir de ahí empezó todo el movimiento de la emisora. Recientemente el director de Coreguaje Estéreo tuvo que abandonar sus labores como director del proyecto de comunicaciones y tuvo que salir de la región, porque fue amenazado por las FARC. La emisora Ingakuna Estéreo también ha tenido esa visión de violencia muy cercana; por eso ha buscado generar proyectos de vida a través de las radios, de la comunicación, de la interculturalidad, pero siempre con la zozobra de la violencia y el peligro sobre sus cabezas. El manto de violencia desafortunadamente está presente en muchas regiones de nuestro país, pero específicamente en esas regiones apartadas selváticas.

 

Incluso a partir del fenómeno de la violencia es que se ha conocido gran parte de nuestro territorio y sus habitantes. Por ejemplo, en nuestro país, las personas que vivimos en los centros urbanos prácticamente desconocemos las culturas indígenas. Es cuando se han presentado hechos violentos que marcan a una comunidad apartada, que esta se conoce. Los Coreguajes por ejemplo fueron reconocidos hace unos diez años cuando hubo una asamblea general y se efectuó una marcha. Pero ahora, por ejemplo, si hacemos un ejercicio y le preguntamos a alguien qué conoce de la comunidad coreguaje, es casi seguro que no tendrá idea. Uno de los grupos indígenas más conocidos en nuestro país son los Paeces, por las constantes luchas que han emprendido por la recuperación de sus tierras, pero del resto creo que los demás se han olvidado. Esta situación no es única de Colombia, creo que en los otros países también ocurre este desconocimiento de las culturas indígenas. Podría decirse que es diferente en el Ecuador donde hay un reconocimiento y unas posibilidades mayores para los grupos indígenas.

 

Sin embargo, en medio de todas estas circunstancias, las comunidades han realizado un trabajo admirable. En los inicios del proyecto se encontró que había muchas de las actividades propuestas en el cronograma que hacía mucho tiempo las estaban llevando a cabo las emisoras. La tarea entonces era recoger lo existente y mirar a partir de allí cómo podíamos seguir avanzando con este proyecto.

 

CILA: ¿Cómo se ha llevado a cabo la coordinación de las actividades de la Red?

 

A.P.: Hasta el momento hemos realizado cuatro talleres con emisoras; dos de estos si se han llevado a cabo aquí en Bogotá y para los otros se ha desplazado el equipo del proyecto hasta algún lugar equidistante para todos.

 

M.E.: Estos talleres nos han permitido establecer un contacto importante. Pero más allá de eso, lo que hemos hecho ha sido una suerte de mesas de trabajo conjunta y desde ahí hemos empezado a cuestionar conceptos como cultura, interculturalidad y desarrollo. ¿De qué hablamos cuando hablamos de cultura? Una cosas es lo que ciertas políticas te dicen pero otra cómo se vive en la realidad.

 

Lo que hemos hecho es una suerte de juego a la inversa: asumimos el proyecto como una invitación, con unos parámetros que nosotros revertimos de ser necesario. Cuando nos reunimos, lo que hacemos es indagar: cómo es el proceso?, ¿qué esta pasando con las comunidades? En esos encuentros socializamos formas de investigar las ciencias sociales. Se trata de contar cada una de las experiencias. Y ha sido un proceso con resultados satisfactorios: lo que los participantes mencionaron en este último taller que tuvimos, es que valoran que tengamos un espacio en donde se puedan contar sus experiencias y escuchar otras.

 

Acá lo importante es oír a los verdaderos protagonistas. Por supuesto, son muchos, pero podría nombrar algunas personas claves: Jaime Perdomo Sánchez, Wayra Jacanamijoy, Isidro Jacanamijoy y Flora Macas. Son personas muy interesantes y permiten que otros nuevos actores ingresen al proceso. En el ultimo taller participaron tres jóvenes y eso es muy bonito, porque es una nueva generación en diálogos permanentes con los mayores. Esa es una de las características de nuestro método de trabajo: todo el tiempo promovemos momentos de negociación y aprendizaje.

 

CILA: ¿Cuales consideran ustedes que son los principales desafíos que vienen para la Red Amazónica para los próximos años?

 

A.P.: En primer lugar, pienso que este proyecto está basado en elementos tecnológicos de comunicación. En esa medida, yo creo que el mayor desafío es permitir que esas posibilidades tecnológicas realmente lleguen al sitio donde se están generando los procesos.

 

Simplemente para contar una anécdota, la comunicación con Ingakuna Estéreo es complicada, porque la señal de celular no llega allá y el acceso más cercano a una línea de Internet se logra desplazándose a un centro urbano que queda ubicado a unas tres o cuatro horas. Entonces es necesario comunicarse con un sistema que se llama Compartel, que sólo funciona a determinadas horas del día y dependiendo el clima. Hay que tener mucha suerte para lograr establecer contacto con algunos de ellos y darle seguimiento a este trabajo que se está desarrollando. Entonces, a pesar de que estamos hablando de comunicación, es precisamente la comunicación uno de los obstáculos que tenemos en este momento.

 

Yo creo que este año el reto del proyecto es arrancar con la parte tecnológica en cuanto a comunicación se refiere con cada una de las emisoras. A partir de esto, creo que la situación se podría empezar a manejar de una manera completamente diferente, porque muchas de estas prácticas que se proponen aquí se podrían empezar a desarrollar sin tantas trabas como las hay en este momento.

 

M.E.: Creo que la perspectiva tecnológica, además tiene una perspectiva política, entonces poner en común varias agendas en varias lógicas, va a ser todo un reto. Ahora, lo que a mi me parece, es que muchas de las posibilidades de discusión en términos teóricos y conceptuales, pueden alimentar todo el proceso de ALER, en términos de sus otras agendas y el proceso de cada una de las Coordinadoras Nacionales. También en cuanto a sus propias agendas. Por ejemplo, en una reunión de la Sonora, cuando los compañeros empiezan a hablar en términos de la interculturalidad y a explicar de que manera están pensando la noción de desarrollo, ponen en jaque un montón de prácticas que no están pensando eso y que son parte de La Sonora.

 

Entonces es bien interesante, porque en el proyecto se hacen unos seguimientos reales y además se empieza a entrar en diálogo con la academia y con intelectuales activistas. Ojalá el proyecto en algún momento sea una plataforma de encuentro de varios intereses que están pensando de otra manera, con nuevas posibilidades, en términos de nuevas formas de representación, de resistencia y de producción simbólica.

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